Las Ramblas, 2017

Aquellos paseos, la huida, la gota en la ola,
aquel yo dueño de nada y a lo lejos el abrazo.
Ella, dueña de todo, Barcelona imparable y
en bullicio, aún te extraño,
aún recuerdo esas noches persiguiendo el sueño,
fracasando, para volver de nuevo a cometerme.
Y ahora retorno, fiel a tus traiciones,
me encuentro de bruces con los restos:
13 muertos y una herida que no va a perder la rosa
pero que aún camina por Las Ramblas.

Hem vist la sang
-que sols fa sang-
ser llei del món.

 Raimon

Diguem no

 

las-ramblas-800x600_thumb

¿Y ahora qué?

Ya ha bajado el Sporting. Una parte de mi dice “No jodas” y otra dice “Por fin”. Se acabaron las finales, esas en las que llevamos inmersos no sé cuántos meses ya; se acabaron los horarios ridículos, los partidos contra rivales que te dan mil vueltas en prácticamente todo; Se acabó el sueño decía yo, o más bien empieza esa realidad que el azar y los guajes no quisieron que pisáramos.

Conocí al Sporting en Segunda, lo cual nunca evitó que El Molinón fuese un lugar mágico —casi sagrado—al que voy para ver la grandeza de este equipo.  Sin embargo, tengo un problema, y es que siempre me ha parecido que las cosas por aquí no marchan como deberían: algo huele a podrido en esta ciudad y se apellida Fernández, ma non troppo

Sin embargo, tras tantos años viendo fútbol también me doy cuenta que si queremos que esto cambie debemos empezar por lo que más cerca nos queda, es decir, nosotros mismos. Estoy francamente cansado del sentimentalismo barato,  de las historias del abuelo (Quini, Ferrero, Joaquín… ¡eso yera futbol!) de un equipo que se aferra a milagros y a la afición —que es increíble—para justificar lo que ya es un robo con todas las letras. Ahí estábamos otra vez, esperando un gol de algún equipo que no nos debe nada o esperando algún chanchullo con el Betis.

Para mí que de tanto querer medírnosla con los grandes  (y perder) nos olvidamos de donde salen los jugadores de la ciudad.  Os lo diré: Roces, Gijón Industrial, Xeitosa,  Veriña, La Braña,  Ceares, etc. Ese es el fútbol de Gijón, el que nutre de los mejores al fútbol asturiano.  Nos han dicho que el fútbol es jugar contra Cristiano Ronaldo, y no, el fútbol es un chaval o chavala entrenando en un barrizal en pleno invierno.  Nos han dicho que triunfar es eso que sale por los deportes Cuatro y triunfar, para mí, es ver a dos guajes abrazados tras un Sporting-Oviedo.

futbol-7

Bajamos con camiseta de Nike, un tío con estatura y ficha de crack y unos jugadores para los que, en su mayoría,  Asturies y el Sporting solo significa un año más de su carrera (o ni eso).  Parecía que brillábamos pero no, solo éramos mierda rebozada en purpurina. Aplaudimos como idiotas cada amago de calidad que se les cayó, lloramos como niños ahora que estamos en Segunda y tragamos, tragamos con todo porque seguimos pensando que formar parte del negocio es el precio a pagar para llegar a un sitio al que nunca llegaremos.

¿Y eso es el fútbol? ¿Y esto es el Sporting? Pues vaya, podéis llamarme exigente pero a mí esto  me sabe a poco.  Empecemos por abrir los ojos, el “Fernández vete ya” es un primer paso pero ¿Y después? ¿Pensáis que vendrá algo mucho mejor? ¿Pensáis que otra mafia es la solución para echar a esta mafia? Sinceramente creo que no.

¿Y entonces? Yo digo que si somos capaces de llenar un campo para ver la basura futbolística que hemos visto esta temporada, vamos a ser capaces de echar a los Fernández. Y también digo que si los echamos debemos de pensar en que somos nosotros —los aficionados, los socios, los que sufrimos por este equipo—los que debemos poder decidir, y no dedicarnos a ser exclusivamente consumidores, que es en lo que nos han convertido.

¿Y qué podemos hacer? Disfrutar del fútbol en la medida de lo posible, pero no contribuir a la rueda, no darles un euro más a ellos. Puedo decir dos palabras: accionariado popular. Desde ahí lo que queráis.Todo lo demás serán parches que solo cambiarán de nombre al causante del homicidio. Quien quiera entender que entienda. Algunos en Xixón ya hace tiempo que hemos entendido que podemos construir sueños más grandes que una camiseta de 100€.

10810851

Regreso al otro

Regreso siempre frente al otro, en el espacio que niegan otros labios. 

Me encuentro solo en una calle corrompida por insomnios y fracasos.

Le veo allí y apenas reconozco aquella luna que un día vislumbramos.

Paso de largo, no me paro a saludar los restos del espejo que hoy subyace.

Es triste caminar con este cansancio de piedras y puñales en la espalda,

 

pero sigo y los cantos de sirena se preguntan si suenan a ambulancia.

 

Acumulo días de puños cerrados abiertos a otros mundos, falsos días,

y poemas de redención que escriben solo un mensaje en las aceras:

“Serás acaso feliz si aprendes que olvidar es imposible”. 

Se acabó el sueño

Algo nos pasa los gijoneses. Nada tiene que ver con esa manía de usar continuamente aumentativos o con que toda la ciudad se haya vuelto runner de golpe. Somos apocalípticos y nos encanta serlo. Por eso voy a escribir el artículo que escribiría alguien que ha visto a su equipo bajar a Segunda. Porque para mí este equipo ya ha perdido casi todo lo que podía perder.

Tras dos años milagrosos, se va la piedra de toque del Sporting de los guajes, se va a Abelardo con una dimisión más que dudosa. A poco que analicemos la situación hay demasiadas cosas que no encajan. ¿No hubiera sido lógico que Pitu planificase los fichajes de invierno? Pues no se hizo ninguno con el mercado abierto ¿No tardó demasiado poco en aparecer el tal Rubi en escena? A mi juicio sí. Pero ahora da lo mismo.

No importa que griten “Fernández vete ya”, que algunos se quiten la careta y hagan el sonido de los monos o que venga Nike a vestirnos con aires de UEFA. Este Sporting está podrido desde dentro, desde hace años. Pueden llamarlo SAD (Sociedad Anónima Deportiva) o pueden decirle directamente al socio: “Paga y cállate”. Y en esas condiciones es difícil vislumbrar algo más que el beneficio económico de algunos, aunque eso lleve al destierro deportivo del club.

Estos genios de la lámpara decidieron cargarse -supongo que por un buen pellizco- lo que había hecho que mucha gente se identificase con un equipo de canteranos, unos chavales que disputaban la categoría a jugadores que antes veían por televisión. El Sporting de los guajes, l’equipu d’Asturies. Nadie podía representarnos mejor.

Estoy hablando de todos lo que se fueron, de esos que echaron pero que eran “los nuestros”, de un equipo que pecaba de inexperto, de apenas dar tres toques seguidos, pero que ponía en apuros a cualquiera. Y sobre todo, por encima de todo, hace un año, de una escuadra que se partía la camiseta. Salir del estadio sabiendo que tu equipo ha dado todo es algo grande, y sí, fuimos muy grandes.

Decía Javier Clemente (que como todo burro, de vez cuando, hizo sonar la flauta) algo similar a que para que un árbol no se caiga tiene que tener bien asentadas las raíces. Dicho de otro modo, toda casa debe tener unos cimientos fuertes para, posteriormente, ir añadiendo todo lo demás. Esto puede aplicarse a cualquier ámbito de la vida y, por supuesto, también todos los ámbitos del balompié.

Por eso es fundamental que el Sporting deje de ser una SAD y que los que de verdad sienten y viven el club -los socios- puedan decidir y tener peso. Por eso es fundamental que el Sporting apueste por lo que lo hace único, por su cantera, por Mareo. Sin estas dos premisas es imposible que vislumbremos una luz en lo deportivo. De poco sirve echar (o hacer dimitir) al entrenador cuando no hay resultados.

Deseo a Rubi toda la suerte del mundo. Que nos saque del descenso y continúe el Sporting de los milagros. Pero, honestamente, lo veo complicado, porque a este equipo le falta lo más importante: el alma. Y sin alma podremos conseguir los objetivos pero, sin duda, nunca se cumplirán nuestros sueños.

Leonard Cohen, el poeta que aprendió a cantar entre las sombras

En una semana que, parecía, no podía ser peor, nos cuentan que hay que despedirse de Cohen. El mundo actual que es cruel, de colores y pantallas, cruel de solitarios caminando, nos dice que ahora toca hacer juntos todos los homenajes de canciones, fotografías y últimas despedidas.

Como a un a ser querido que tardara en querer, recojo las migajas de esta vida que apenas he seguido y que las circunstancias pusieron ante mis ojos como la belleza que supone el estar vivo. Así me dijo adiós el bueno de Leonard, levantando su sombrero y con una media sonrisa que parecía decirme: “No pasa nada, chico”.

>Canadian singer Leonard Cohen will release a new studio album on Jan. 31.

 

Como a un partisano con aires de Camus, de ese modo camina Cohen por alguna playa mediterránea allá en el horizonte, así me lo imagino yéndose, bien satisfecho y pleno. Se irá, supongo, feliz, y no por haber ganado un Príncipe de Asturias o haber sido reconocido por una u otra cosa. Se irá feliz y, en sus palabras, “empapado hasta los huesos” como buen “guardián de la lluvia” que fue.

Con las manos aún manchadas del vacío que deja siempre el que se lleva la canción, recorro aquellos momentos que no supe y empiezo ahora a entender a ese hombre, a ese poeta que se atrevió a cantar entre las sombras. Muchos me advirtieron que atendiese a sus palabras. Llegué tarde pero enfermé, de pronto de esa oscuridad que nos protege de un mundo de colores adulterados.

Aún con la resaca del Nobel de Dylan, recuerdo que siempre dije que cada vez que me ponía a escuchar a Leonard Cohen acaba escuchando a Bob Dylan. Tardó en gustarme. Tardó mucho, pero aprendí rápido y comprendí por qué ambos cantautores se admiraban tanto. Se supieron los reyes de esta era. Y lo fueron. Vaya si lo fueron. ¿Habrá alguien que los iguale?

Este año “derriba-mitos” nos está dejando sin grandes figuras poco a poco. Su obra es ya intacta pero siempre quedará la duda de si podremos disfrutar de autores semejantes en un futuro. Tal vez, como dice Cohen, haya una guerra entre los que dicen que hay una guerra y los que no. Y en esta batalla gane, por fin, la poesía.

Bob Dylan siempre gana

Opinar a toro pasado es una tarea propia de cobardes y malos periodistas. Como muy probablemente pueda situarme en cualquiera de estas categorías ahora, que acaba noviembre, creo que es un buen momento para hablar de una de las polémicas más interesantes y fructíferas que se han dado en los últimos meses: el Nobel de Dylan (o el Dylan al Nobel como han dicho algunos).

Vayamos por partes. Bob Dylan es, y ha sido, un genio total y absoluto de la música. Sus canciones han marcado no solo una generación, sino las aspiraciones y suspiros de las venideras. Hizo universal una estética y una actitud, una forma de mirar el mundo. Y cambió, cambió cuando quiso y lo hizo bien. Y, como a todos los genios, nada se le puede reprochar. O sí.

dylan_at_the_typewriter

 

Pero hablemos de lo que nos interesa: ¿Merece un Nobel de literatura? O dicho de otro modo: ¿La canción de autor es literatura? Si por algo se caracteriza la historia de la literatura es porque debe su evolución a la mezcla de géneros. Pero ¿es entonces la canción de autor literatura?

No lo es por el sencillo y simple hecho de que está concebida para ser cantada o escuchada, no para ser leída. Decía Benjamín Prado sobre Zimmerman que: “Sus canciones se transforman en poemas en cuanto les quitas la música”. Pues claro, y seguro que si a muchos poemas les pones música se pueden convertir en canciones.

Pero no va de eso, de lo que podemos poner o quitar. Todo lo que sea alterar el producto del creador es algo totalmente lícito, sin embargo, debemos asumir que es, ante todo, una alteración, un cambio fruto de una percepción propia que no parte del emisor.

tumblr_ob4pea0dim1t5fihao1_500

“Dylan es un poeta, tío”

Probablemente, pero a lo que se dedicó fue a hacer canciones. Labor que nada tiene que envidiar a la poesía, aunque se le parezca. No es necesario “elevar” (recalco las comillas) a poesía lo que no es poesía. La música tiene ya por sí misma la suficiente consideración social como para que se la valore de forma autónoma. Y ¿por qué no decirlo? Los músicos son mucho menos peñazo que los poetas.

¿Acaso no hay recursos literarios suficientes en las letras de Bob Dylan para entenderlas como poesía? Sí. ¿Acaso no es mucho más brillante que la mayoría de la poesía que se publica? Sí. Pero usar recursos literarios no te convierte en poeta, ya que ser, ahora mismo, más brillante que los poetas no significa demasiado. Y sobre todo, porque lo que hace es música y para verlo como poesía siempre habría que “convertirlo en”, lo cual es, a todas luces, injusto.

¿Qué es poesía, entonces?

¿Qué es poesía? Me decís vosotros, fans de Dylan, mientras claváis vuestra pupila enrojecida en, oh, este ingrato texto mío. De eso se trata, de que pensemos en qué es la poesía. El mundo en que vivimos, por malo que sea, está lleno hasta los topes de poesía, os lo aseguro. Y más aún en el mundo de las artes, donde hay muchas obras que, sin ser poesía, tienen un gran contenido poético. Así, el bueno de Bob, cuando escribió sus canciones— aún teniendo estas un alto contenido poético—no estaría escribiendo poemas y sí himnos que es lo que únicamente son.

bobdylan672d

Dylan, el poeta del pueblo

Cuando Dylan quiso estar con poetas (como Allen Ginsberg), incluso pasar por uno con guitarra (debe su nombre a Dylan Thomas), así lo hizo. Cuando quiso ser una voz generacional y cantar a las masas canciones protesta, cogió el testigo de Seger o Guthrie y, junto a Joan Baez, protagonizó momentos que vivirán en la memoria colectiva de miles de jóvenes que quisieron un día cambiar el mundo.

El mundo no ha cambiado demasiado, o al menos, no ha cambiado como quisieran aquellos jóvenes que ahora peinan canas. Pero Bob sí que lo hizo, y decidió dejar el folk y la canción protesta por el blues y el rock. Cuando Joan lideraba aquellas marchas y conciertos le preguntaban:“¿Vendrá Bob?” y ella, hastiada, solía contestarles “No, amigo, él nunca viene”. Dylan fue el cantor, pero fue el pueblo quien casi salvó al pueblo.

 

bob-dylan

Bob Dylan contra las élites literarias

La magia de las redes es que puedes leer cosas como que no interesaba que Dylan ganase el premio porque es un creador de “cultura popular”. En esa batalla cualquier defensor de dar un Nobel a un escritor (de los sin guitarra) corre peligro de ser tachado de “elitista”. Simplón es negar el mérito de Bob, pero también lo es sacar a la mínima el dedo acusador evitando cualquier debate o planteamiento.

@carnecrudaradio: “Sí, Bob Dylan es literatura. Es un juglar. Practica la literatura más antigua, la literatura oral. La popular. La que entiende el pueblo”.

A ver si lo entiendo ¿Bob Dylan es literatura porque es popular ergo lo entiende el pueblo? No me asusta demasiado que aumenten para el año que viene los candidatos (Nick Cave, Neil Young, Sabina…), lo escalofriante en esto es el papel del “pueblo”. Parece ser que para los de abajo lo más parecido a un libro que hay es escuchar ‘Blowind in the wind’. Debemos ser cautos con esto y construir (premiar en este caso) en base a unos cánones que vayan más allá de estos argumentos.

tumblr_o05ld1tem01sc7p75o1_500

Premios literarios y otras mentiras

¿Cuál es entonces el valor de un premio Nobel? ¿Va a cambiar nuestra perspectiva? ¿Va a determinar qué leeremos?

Como todos los premios literarios, es una condecoración que no necesariamente implica que el ganador sea, ni mucho menos, el mejor, pero es, al fin y al cabo, un reconocimiento que da prestigio a alguien que ha trabajado en una obra. Y la de Zimmerman es lo suficientemente buena para ello.

¿Hacía falta que alguien (re)conociese a Dylan? No. Como bien dijo Cohen: ” Es como ponerle una medalla al Everest por ser la montaña más alta”. ¿Hacía falta debatir sobre esto? Por supuesto y que no se dejen de cuestionar los límites de la literatura, porque en ello residen y residirá la evolución de la misma.

Creo que esto debería servir para ampliar las perspectivas y el propio concepto de literatura. Y sí, ojalá sirva para que se lea un poco más a Dylan al escuchar sus canciones. Larga vida a Bob que, como siempre, ha sido el mejor en un sitio en el que ni si quiera pidió entrar.

 

El burócrata

El burócrata era un hombre de férreas tradiciones. Amaba el olor a café recién hecho y el saber que cada cosa estaba justamente donde tenía que estar. Era un hombre de rutinas, ordenado como dogma, tal vez aburrido para el resto del mundo pero, ¿a quién le importaba esa ignorante muchedumbre?

El burócrata se maldecía viendo las fotos de esa chica poeta que le hizo escribir sus primeros versos. Ahora ella tenía un novio que parecía ser la fotocopia exacta de lo que él no era, y eso lo carcomía por dentro. Eso sí, jamás lo admitiría, no estaba hecho el arte para plasmar vísceras, y él era un tipo con una imagen que mostrar.

Diseccionaba el poema como el sádico que observa la vaca y ve un buen filete de ternera. Ahí rodaba en el verso, en el hueco del verso, en el espacio sin tiempo y la vida sin vida, enfrascado como un espermatozoide. Ahí, dentro de sí, tan lejos del mundo que hasta la realidad parecía estar dentro de su ventana, dentro de su majestuoso cuaderno.

Solo era necesario leer los libros correctos, ir a los lugares correctos, tener los amigos correctos, decir justo lo que había que decir, despreciar todo aquello que había que despreciar, pisar, hacer carrera. Y así, en un par de años había llegado a estar entre los poetas más reconocidos. No fue difícil, “Es que los demás son muy malos” decía y ¿quién podía decirle lo contrario?

El mundo es un lugar bonito, muchísimo, al fin y al cabo todo está justo donde tiene que estar: ¿Las guerras? ¿la injusticia? ¿La pobreza? Por favor, no mezclemos, no renunciemos al poema, que hable la belleza que se calle el que no sabe, que hable el burócrata, que asienta el resto.