Ahora, Quini, ahora…

Hay muchas razones para odiar el fútbol pero para amarlo hay unas pocas que suelen ser las que merecen la pena. Una de esas pocas es vivir en una ciudad como la mía, que desprende fútbol lluvioso por los cuatro costados, que para ponerse de acuerdo solo tiene que sonar un Real Sporting equipo famoso, una gaita y poco más. Por eso cuando se va uno de los nuestros, estamos tan tristes, por eso llueve y el cielo tiene un color que casi ciega, porque el gran Enrique Castro allá está entrando.

Otra de esas cosas es que a algunos nos ayuda a recordar mejor, es decir, rememoramos momentos de nuestra vida porque tu equipo había subido a primera y a ti te había dejado la novia o te habían echado del trabajo o, quién sabe, tal vez, fueras a ser padre o madre. Y allá estaba tu escuadra, tu hinchada, como una melodía eterna, cantando, mientras tú te emocionabas.

Recuerdo perfectamente el día en que murió Manolo Preciado, estaba igual que ayer, en el sofá, sin saber muy bien qué hacer con esta vida que tan grande nos viene tantas veces. Entonces viene alguien y te lo dice: “Murió Quini”. Y te sientes estúpido, insignificante y a la vez tan orgulloso porque sabes que tu gente mañana va a estar ahí con la bufanda al viento. Porque sabes que vives en un sitio que, digan lo que digan, está lleno de honor y orgullo. Y eso, siento decirlo, no hay derrota que lo mate.

El balón nos recuerda que somos efímeros, que lo que hoy son tres puntos, mañana es un despido, que lo que un día son portadas, otro son olvido. Hoy Quini tiene que saber que nosotros/as no somos así y que jamás vamos a olvidar a  nuestro símbolo. Porque volverán los tiempos de la luz y la esperanza, volverán seguro y sonará tu nombre: Ahora, Quini, ahora…

Marcha d’Antón el neñu (Cantar de los minutos de silenciu n’El Molinón)

 

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Canciones que marcaron el mio 2017 (anque non necesariamente seyan de 2017)

Vieno ‘Trainspotting 2’ y con ella milenta alcordances, reminescencies y referencies a la película qu’ablucó a una xeneración entera y sigue faciéndolo décades depués. Vamos entamar con tres bandes de la primera y segunda BSO de Trainspotting: Underworld, New Order y Pulp.

 

En realidá El círculo de Kase. O salió a finales del añu 2016, pero tuvo la so importancia ya impronta nel 2017 poro, muncho falen d’el como discu l’añu. Yo voi más lloñe y digo que ye probablemente’l meyor discu de rap de la década. Namái por polemizar y porque (¡qué coño!) ye una xenialidá:

Otru discazu del 2017 foi’l Zona temporalmente autónoma qu’asoleyaron Los Planetas. Vamos reconocer que un baxón ensin Los Planetas nun ye baxón verdaderu. Déxovos con “Santos que yo te pinte”, cantar qu’a lo cabero ta prestándome abondo:

Tamién Novedades Carminha asoleyó un discu que, de primeres, nun me prestó na por eso de qu’abandonaren soníos garage y demás, pero que depués foi de los que más sintí nesti 2017. Tol baxón que puedan date los granadinos, quítatelo Novedades. Ye asina:

Un grande que sacó discu malu foi Joaquín Sabina pero que, por suerte, recuperó la fuercia del direutu y yo pudi esfrutalo. Asina que nun podía faltar daqué del mayestru:

Pero si falamos d’artistes, l’artista que nun podemos obviar ye’l gran Rodrigo Cuevas. Equí vos lo dexo, si la censura nun me torga…

Esti foi l’añu del documental ‘Supersonic’, de los discos de Liam y Noel Gallagher respeutivamente, el de los enésimos rumores pola vuelta d’Oasis, el de la xira de Liam. En resume, los de Manchester nun pueden faltame:

Dicen que son si son pareya, que si nun sé qué, pero a min dame lo mesmo. Son dos músicos impresionantes, sobre too ella: vais permitime dedica-y un espaciu a C. Tangana y a la inmensa Rosalía:

Ún nun puede vivir como si enxamás viera a Los Rolling en direutu. Yo soi d’esos y amás lo único que puedo dicir ye que nun m’arrepiento de na, Brown sugar:

El mio curtiu pasu por Burdeos dexome un par de cantares na memoria y una ganes repentines de deprender francés. A ver si vos molen:

Nun ye menos verdá que tuvi nel FIB 2017. Voi poner primero dos sorpreses y depués dos deceiciones (que siguen pareciéndome temones):

1º-Sorpreses

2º-Deceiciones (pero con ciñu)

 

Pa dir acabando,  pienso que, esta mecigaya de lluz y señaldá, foi’l meyor canciu del añu o del branu o de dalgo. Brutales Arcade Fire equí:

 

 

 

 

Las Ramblas, 2017

Aquellos paseos, la huida, la gota en la ola,
aquel yo dueño de nada y a lo lejos el abrazo.
Ella, dueña de todo, Barcelona imparable y
en bullicio, aún te extraño,
aún recuerdo esas noches persiguiendo el sueño,
fracasando, para volver de nuevo a cometerme.
Y ahora retorno, fiel a tus traiciones,
me encuentro de bruces con los restos:
13 muertos y una herida que no va a perder la rosa
pero que aún camina por Las Ramblas.

Hem vist la sang
-que sols fa sang-
ser llei del món.

 Raimon

Diguem no

 

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¿Y ahora qué?

Ya ha bajado el Sporting. Una parte de mi dice “No jodas” y otra dice “Por fin”. Se acabaron las finales, esas en las que llevamos inmersos no sé cuántos meses ya; se acabaron los horarios ridículos, los partidos contra rivales que te dan mil vueltas en prácticamente todo; Se acabó el sueño decía yo, o más bien empieza esa realidad que el azar y los guajes no quisieron que pisáramos.

Conocí al Sporting en Segunda, lo cual nunca evitó que El Molinón fuese un lugar mágico —casi sagrado—al que voy para ver la grandeza de este equipo.  Sin embargo, tengo un problema, y es que siempre me ha parecido que las cosas por aquí no marchan como deberían: algo huele a podrido en esta ciudad y se apellida Fernández, ma non troppo

Sin embargo, tras tantos años viendo fútbol también me doy cuenta que si queremos que esto cambie debemos empezar por lo que más cerca nos queda, es decir, nosotros mismos. Estoy francamente cansado del sentimentalismo barato,  de las historias del abuelo (Quini, Ferrero, Joaquín… ¡eso yera futbol!) de un equipo que se aferra a milagros y a la afición —que es increíble—para justificar lo que ya es un robo con todas las letras. Ahí estábamos otra vez, esperando un gol de algún equipo que no nos debe nada o esperando algún chanchullo con el Betis.

Para mí que de tanto querer medírnosla con los grandes  (y perder) nos olvidamos de donde salen los jugadores de la ciudad.  Os lo diré: Roces, Gijón Industrial, Xeitosa,  Veriña, La Braña,  Ceares, etc. Ese es el fútbol de Gijón, el que nutre de los mejores al fútbol asturiano.  Nos han dicho que el fútbol es jugar contra Cristiano Ronaldo, y no, el fútbol es un chaval o chavala entrenando en un barrizal en pleno invierno.  Nos han dicho que triunfar es eso que sale por los deportes Cuatro y triunfar, para mí, es ver a dos guajes abrazados tras un Sporting-Oviedo.

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Bajamos con camiseta de Nike, un tío con estatura y ficha de crack y unos jugadores para los que, en su mayoría,  Asturies y el Sporting solo significa un año más de su carrera (o ni eso).  Parecía que brillábamos pero no, solo éramos mierda rebozada en purpurina. Aplaudimos como idiotas cada amago de calidad que se les cayó, lloramos como niños ahora que estamos en Segunda y tragamos, tragamos con todo porque seguimos pensando que formar parte del negocio es el precio a pagar para llegar a un sitio al que nunca llegaremos.

¿Y eso es el fútbol? ¿Y esto es el Sporting? Pues vaya, podéis llamarme exigente pero a mí esto  me sabe a poco.  Empecemos por abrir los ojos, el “Fernández vete ya” es un primer paso pero ¿Y después? ¿Pensáis que vendrá algo mucho mejor? ¿Pensáis que otra mafia es la solución para echar a esta mafia? Sinceramente creo que no.

¿Y entonces? Yo digo que si somos capaces de llenar un campo para ver la basura futbolística que hemos visto esta temporada, vamos a ser capaces de echar a los Fernández. Y también digo que si los echamos debemos de pensar en que somos nosotros —los aficionados, los socios, los que sufrimos por este equipo—los que debemos poder decidir, y no dedicarnos a ser exclusivamente consumidores, que es en lo que nos han convertido.

¿Y qué podemos hacer? Disfrutar del fútbol en la medida de lo posible, pero no contribuir a la rueda, no darles un euro más a ellos. Puedo decir dos palabras: accionariado popular. Desde ahí lo que queráis.Todo lo demás serán parches que solo cambiarán de nombre al causante del homicidio. Quien quiera entender que entienda. Algunos en Xixón ya hace tiempo que hemos entendido que podemos construir sueños más grandes que una camiseta de 100€.

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Regreso al otro

Regreso siempre frente al otro, en el espacio que niegan otros labios. 

Me encuentro solo en una calle corrompida por insomnios y fracasos.

Le veo allí y apenas reconozco aquella luna que un día vislumbramos.

Paso de largo, no me paro a saludar los restos del espejo que hoy subyace.

Es triste caminar con este cansancio de piedras y puñales en la espalda,

 

pero sigo y los cantos de sirena se preguntan si suenan a ambulancia.

 

Acumulo días de puños cerrados abiertos a otros mundos, falsos días,

y poemas de redención que escriben solo un mensaje en las aceras:

“Serás acaso feliz si aprendes que olvidar es imposible”. 

Se acabó el sueño

Algo nos pasa los gijoneses. Nada tiene que ver con esa manía de usar continuamente aumentativos o con que toda la ciudad se haya vuelto runner de golpe. Somos apocalípticos y nos encanta serlo. Por eso voy a escribir el artículo que escribiría alguien que ha visto a su equipo bajar a Segunda. Porque para mí este equipo ya ha perdido casi todo lo que podía perder.

Tras dos años milagrosos, se va la piedra de toque del Sporting de los guajes, se va a Abelardo con una dimisión más que dudosa. A poco que analicemos la situación hay demasiadas cosas que no encajan. ¿No hubiera sido lógico que Pitu planificase los fichajes de invierno? Pues no se hizo ninguno con el mercado abierto ¿No tardó demasiado poco en aparecer el tal Rubi en escena? A mi juicio sí. Pero ahora da lo mismo.

No importa que griten “Fernández vete ya”, que algunos se quiten la careta y hagan el sonido de los monos o que venga Nike a vestirnos con aires de UEFA. Este Sporting está podrido desde dentro, desde hace años. Pueden llamarlo SAD (Sociedad Anónima Deportiva) o pueden decirle directamente al socio: “Paga y cállate”. Y en esas condiciones es difícil vislumbrar algo más que el beneficio económico de algunos, aunque eso lleve al destierro deportivo del club.

Estos genios de la lámpara decidieron cargarse -supongo que por un buen pellizco- lo que había hecho que mucha gente se identificase con un equipo de canteranos, unos chavales que disputaban la categoría a jugadores que antes veían por televisión. El Sporting de los guajes, l’equipu d’Asturies. Nadie podía representarnos mejor.

Estoy hablando de todos lo que se fueron, de esos que echaron pero que eran “los nuestros”, de un equipo que pecaba de inexperto, de apenas dar tres toques seguidos, pero que ponía en apuros a cualquiera. Y sobre todo, por encima de todo, hace un año, de una escuadra que se partía la camiseta. Salir del estadio sabiendo que tu equipo ha dado todo es algo grande, y sí, fuimos muy grandes.

Decía Javier Clemente (que como todo burro, de vez cuando, hizo sonar la flauta) algo similar a que para que un árbol no se caiga tiene que tener bien asentadas las raíces. Dicho de otro modo, toda casa debe tener unos cimientos fuertes para, posteriormente, ir añadiendo todo lo demás. Esto puede aplicarse a cualquier ámbito de la vida y, por supuesto, también todos los ámbitos del balompié.

Por eso es fundamental que el Sporting deje de ser una SAD y que los que de verdad sienten y viven el club -los socios- puedan decidir y tener peso. Por eso es fundamental que el Sporting apueste por lo que lo hace único, por su cantera, por Mareo. Sin estas dos premisas es imposible que vislumbremos una luz en lo deportivo. De poco sirve echar (o hacer dimitir) al entrenador cuando no hay resultados.

Deseo a Rubi toda la suerte del mundo. Que nos saque del descenso y continúe el Sporting de los milagros. Pero, honestamente, lo veo complicado, porque a este equipo le falta lo más importante: el alma. Y sin alma podremos conseguir los objetivos pero, sin duda, nunca se cumplirán nuestros sueños.

Leonard Cohen, el poeta que aprendió a cantar entre las sombras

En una semana que, parecía, no podía ser peor, nos cuentan que hay que despedirse de Cohen. El mundo actual que es cruel, de colores y pantallas, cruel de solitarios caminando, nos dice que ahora toca hacer juntos todos los homenajes de canciones, fotografías y últimas despedidas.

Como a un a ser querido que tardara en querer, recojo las migajas de esta vida que apenas he seguido y que las circunstancias pusieron ante mis ojos como la belleza que supone el estar vivo. Así me dijo adiós el bueno de Leonard, levantando su sombrero y con una media sonrisa que parecía decirme: “No pasa nada, chico”.

>Canadian singer Leonard Cohen will release a new studio album on Jan. 31.

 

Como a un partisano con aires de Camus, de ese modo camina Cohen por alguna playa mediterránea allá en el horizonte, así me lo imagino yéndose, bien satisfecho y pleno. Se irá, supongo, feliz, y no por haber ganado un Príncipe de Asturias o haber sido reconocido por una u otra cosa. Se irá feliz y, en sus palabras, “empapado hasta los huesos” como buen “guardián de la lluvia” que fue.

Con las manos aún manchadas del vacío que deja siempre el que se lleva la canción, recorro aquellos momentos que no supe y empiezo ahora a entender a ese hombre, a ese poeta que se atrevió a cantar entre las sombras. Muchos me advirtieron que atendiese a sus palabras. Llegué tarde pero enfermé, de pronto de esa oscuridad que nos protege de un mundo de colores adulterados.

Aún con la resaca del Nobel de Dylan, recuerdo que siempre dije que cada vez que me ponía a escuchar a Leonard Cohen acaba escuchando a Bob Dylan. Tardó en gustarme. Tardó mucho, pero aprendí rápido y comprendí por qué ambos cantautores se admiraban tanto. Se supieron los reyes de esta era. Y lo fueron. Vaya si lo fueron. ¿Habrá alguien que los iguale?

Este año “derriba-mitos” nos está dejando sin grandes figuras poco a poco. Su obra es ya intacta pero siempre quedará la duda de si podremos disfrutar de autores semejantes en un futuro. Tal vez, como dice Cohen, haya una guerra entre los que dicen que hay una guerra y los que no. Y en esta batalla gane, por fin, la poesía.